Drácula

Escrito por Editor
miércoles, 11-07-2012 14:08:32

Espada y Brujeria - DráculaDrácula

Biblioteca Robin Wood, editorial ecc.

Autores: Robin Wood (guión) y Alberto Salinas (dibujos).

Si hay un personaje histórico en el que se aúnen la crueldad y el heroísmo, ese sin duda puede ser Vlad Tepes, o Vlad Draculea, el mismo en el que se inspiró Bram Stoker para crear el monstruo sobrehumano que ha eclipsado al auténtico Drácula, el real. Sin embargo, cuando uno se adentra en la vida y obras de Vlad Tepes (Vlad El Empalador), o Drácula (El Dragón), descubre que semejante personaje resulta aún más novelesco que el Príncipe de los Vampiros, que Vlad Draculea es por sí mismo un demonio entre los hombres, un príncipe de las tinieblas humanas y a la vez un gran héroe guerrero, y que sus acciones resultan aún más impresionantes que las del Drácula de Stoker porque fueron reales, o al menos tenían trasuntos de realidad.

La editorial de comics ecc acaba de editar en España un volumen que es una traslación libre de la vida del personaje, creada por el guionista Robin Wood y el dibujante Alberto Salinas. Y digo traslación libre porque aunque conocemos mucho de la vida del Drácula histórico (y sólo eso ya lo convierte en héroe y demonio a la vez), hay tanta leyenda blanca y sobre todo leyenda negra, que barruntamos exageración en sus heroicidades y, sobre todo, sus atrocidades. Pero de todo ello hablaremos después.

Lo más remarcable del cómic es efectivamente el guion de Robin Wood, sólido y bien construido pero al mismo tiempo fluido, con bastantes sentencias filosóficas y un aire shakespeareno en el tratamiento de los personajes, metiéndose en honduras humanas como el poder, la crueldad, la ambición, la violencia o el valor. Y haciéndolo bien. El guion es además muy literario, con largos párrafos descriptivos en abundantes textos de apoyo. Los diálogos además no tienen desperdicio, arrolladores e inteligentes, a los que no parece sobrarles ni faltarles nada.

Los dibujos de Alberto Salinas son realistas, precisos y detallistas, cosa muy de agradecer en un cómic histórico, bien documentado no sólo en el texto, sino también en lo visual. A veces adolece de cierta rigidez en el movimiento, pero lo compensa haciendo hincapié en su punto fuerte, la susodicha verosimilitud histórica que ofrece al cómic.

Cualquier aproximación literaria al Drácula histórico es compleja y resbaladiza. No cabe duda de que fue un grandísimo guerrero que supo contener y hasta hacer retroceder al imperio quizá más poderoso e irresistible de la época, el Imperio Turco. Si el ideal del self-made man es posible, Drácula lo representó, pues pocas veces se consiguió tanto empezando desde tan poco. Como Gengis Khan, fue un noble caído en desgracia, prisionero del enemigo y obligado a luchar contra todo tipo de dificultades, a las que venció una y otra vez gracias a su audacia, su voluntad de hierro, una astucia endiablada y una absoluta falta de escrúpulos morales. Tampoco cabe dudar que era un psicópata nato que disfrutaba con la sangre y la matanza; hizo empalar a miles de prisioneros, empleó sin freno la tortura y sus masacres quitaban el aliento. Cabe decir que el terror es una poderosa herramienta militar, que en aquellas épocas la muerte corría como un caballo loco y que nadie estaría libre de pecado para tirar la primera piedra. Tal vez la única oportunidad de vencer a los turcos era infundirles tal miedo (a ellos precisamente, grandes amigos de la degollina), obligarles a ver al enemigo como un diablo, un monstruo sobrenatural (como así ocurrió en cuanto a Vlad Draculea, al que nadie quería enfrentarse). También hay que reconocer que la leyenda negra sobre este personaje hiede a exageración intencionada, pues algunos pasajes, como el de clavar los turbantes a la cabeza del enemigo, o darse un banquete a la vista de los empalados que aullaban y se retorcían en su agonía, son demasiado sospechosos. De cualquier modo, Drácula era un hombre dispuesto a hacer lo que fuera necesario para vencer a un enemigo poderosísimo. Y lo hizo. ¿Psicópata enloquecido o héroe de una época violenta? Sin duda había de las dos cosas, aunque no sepamos la proporción.

El enfoque del guionista Robin Wood es claramente épico. Drácula es un auténtico guerrero, una mezcla de Conan, el Cid y Gengis Khan, alguien que casi desconoce el miedo, de una bravura sobrehumana y una ferocidad luchadora temible. Pero se le retrata de tal modo que no resulta un muñeco de cartón piedra. Aunque torvo y acerado, este Drácula a veces tiene sus puntos débiles, por ejemplo es capaz de amar a una mujer y, sobre todo, de amar con locura su patria. No se esconden ni ningunean las atrocidades, sino que se muestran a las claras: empalamientos, torturas y el largo y tortuoso etcétera. Pero Drácula no es un Joker sanguinario ni un bufón demente, sino alguien siempre frío y cerebral, que ejecuta sus atrocidades sólo porque en este mundo despiadado o se es martillo o yunque, y él prefiere ser el martillo que más fuerte golpea. Tampoco se esconde su capacidad de engañar y entrampar a sus aliados, de incumplir pactos y palabras. Pero Wood consigue que el lector perdone a semejante villano precisamente por su honestidad sin límites. Drácula hace gala ante sí mismo y sus íntimos de su doblez y su capacidad de engañar, para él la mentira política no es una excepción, es otro arma necesaria en una guerra implacable por la libertad de su país, y la blande igual que la espada. Y esa misma honestidad en sus motivaciones lo eleva por encima de sus adversarios, pues ellos igualmente engañan y rompen pactos, pero lo hacen de manera torticera y mintiéndose a sí mismos y a los demás, como un político de hoy día para ganar votos. Drácula, sin embargo, se reconoce a sí mismo como un mentiroso y un corrupto, lo sabe, lo acepta sin tapujos y sin problemas. Paradójicamente, esa aceptación le hace honesto ante los ojos del lector. La otra cosa que le redime es (como se dijo antes) el valor. Drácula no retrocede ante nada ni nadie y pone en peligro su vida una y otra vez. Esto no es tanto un recurso literario del guionista, como la pura verdad: el auténtico Drácula debía ser un individuo de un valor fuera de límites incluso en su época, para enfrentarse al Imperio Turco en semejante inferioridad de condiciones, y hacerlo retroceder. Como un personaje howardiano, Dracula se la juega al todo o nada una y otra vez, en cada batalla, y por ello es más guerrero que político, un auténtico héroe, pero no en el sentido de los héroes modernos del s. XXI, sino en el homérico, el héroe que lo es sólo por el valor puro y duro, por la fuerza de su espada, y no por su superioridad moralidad (de igual modo que Aquiles es cruel, arrogante y comete actos inconcebibles para cualquier héroe de nuestra época moderna).

En definitiva, se trata del enfoque literario que el guionista Robin Wood le da al personaje, un enfoque sólido y rocoso, llevado al papel con un estilo literario que ya quisieran la mayoría de los guionistas. Como toda versión novelesca de un personaje real es libre, muy libre, como ya se dijo al principio de este texto. Pero eso no quita que dentro de su propio universo literario esa versión sea coherente, verosímil y por supuesto atractiva. Tenemos un buen cómic de corte histórico, un cómic épico y heroico hasta la médula, y habrá que estar muy al tanto de los nuevos volúmenes dedicados a este guionista que ecc va a editar en nuestro país.

Andrés Díaz

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